Salidas al campo
Las salidas al campo constituyeron el espacio pedagógico por excelencia de la acuarela arequipeña, una práctica que antecede en décadas a la institucionalización formal. Acorde a Paul Xyu (2024) en su texto sobre el arte arequipeño, en 1930, Carlos Núñez, Guillermo Fernán Zegarra y Leoncio Gonzáles fundaron una agrupación artística que combinó formación teórica con práctica pictórica en excursiones al campo, instituyendo un modelo que perdura hasta hoy denominado faenas pictóricas. Esta práctica pedagógica extra-institucional se articuló a través de diferentes agrupaciones históricas: el Centro Artístico Arequipa creado a finales del siglo XIX, el Taller Diez, el Grupo Vinatea Reynoso con funcionamiento a partir de 1966, o la Avanzada Sur
fundada en 1968. Alejandro Núñez Ureta, docente en la Escuela Regional de Bellas Artes, era conocido por organizar salidas al campo los fines de semana, transmitiendo su concepción del paisaje donde la tradición constituía un valor que no podía trastocarse en su representación. Mauro Castillo, a quien era común verle salir acompañado a sus faenas por colegas pintores, describe estas expediciones como espacios donde «se pintaba libremente la belleza de la campiña arequipeña y la luz característica de la ciudad». Esta capacidad técnica y eficiencia metodológica alcanzó altos niveles de productividad como cuando Castillo relata un récord personal durante un viaje a Cotahuasi en 1988, cuando pintó 18 acuarelas en tres días. Este modelo, donde acuarelistas y acuarelistas en ciernes formaban la técnica en comunidad, resultó paradójicamente más democrático que la educación formal, pues no requería capital cultural previo sino que generaba sus propias bases a través de la práctica compartida en el territorio. La transmisión intergeneracional configuró una pedagogía marcadamente colectiva donde se forjaba identidad en torno al trabajo pictórico comunitario al margen de la academia.










