PERIODO

88 – 93



Durante este período se multiplica la producción acuarelística. La cantidad de artistas egresados aumenta por las primeras promociones de la nueva Escuela de Artes de la UNSA que se suma a la Escuela Regional de Arte Carlos Baca Flor, introduciendo una generación que replica el canon establecido, pero añade sutiles variaciones estilísticas. Artistas como Raúl García, Freddy Hurtado, David Condori entre otros, desarrollan una factura personal dentro del realismo dominante. Se da una expansión temática hacia registros poco transitados como bodegones que incorporan elementos de la cultura andina, retratos de personajes costumbristas y escenas de la vida cotidiana que complementan el paisaje tradicional. La práctica del oficio se enriquece gracias al acceso a una variedad de materiales artísticos, evidenciándose en transparencias más controladas y paletas cromáticas más ricas. Los artistas exploran mucho más las formas de representación de la luz y atmósfera con la fidelidad realista pero experimentan con efectos más impresionistas. La coexistencia de producción destinada a los concursos locales (Michell&Cia, Pro Unámonos) junto con obras orientadas a un mercado emergente, genera una combinación de la producción más profesional y comercial. Este período marca el crecimiento de acuarelistas, consolidando redes de transmisión del habitus entre los artistas.