Antecedentes del auge



El prestigio nacional de la acuarela arequipeña comenzó a forjarse en la década de 1970 mediante una hegemonía en concursos nacionales. En el Salón Nacional de la Acuarela del Instituto Cultural Peruano Norteamericano, Pablo Núñez Ureta inauguró la historia del certamen al obtener el primer lugar en 1971, marcando el inicio de una secuencia de triunfos consecutivos de pintores arequipeños: Ramiro Pareja en 1972, Bill Caro en 1974, Mauro Castillo en 1976, Carlos Ticona en 1977 y Roberto Vargas en 1979. Esta cadena de victorias operó como un disparador para un mecanismo de construcción de una identidad artística regional diferenciada en el panorama peruano. En el concurso de acuarela de paisaje peruano John Constable iniciado en 1977 se


premió a Roberto Vargas Chamber con su trabajo «Paisaje arequipeño». Sin embargo el campo de la acuarela arequipeña se construyó desde mucho antes sobre figuras tutelares establecidas desde principios del siglo XX, desde el Centro Artístico Arequipa fundado en 1890 y figuras como Jorge Vinatea Reinoso y Teodoro Núñez Ureta. Luis Palao Berastain y Mauro Castillo Gamarra, representan la consolidación técnica de la acuarela arequipeña no solo a través de la influencia de su obra, sino de su capacidad para la profesionalización del campo, y su introducción en el mercado y las galerías. El trío conformado por Luis Palao, Mauro Castillo y Victor Turpo (referente de la pintura arequipeña desde los años 1970s). Estableció un precedente profesional fundamental, la posibilidad de vivir exclusivamente de la pintura en el contexto arequipeño, demostrando su capacidad para integrarse y transitar en circuitos de comercialización eficientes. Estableció un precedente profesional fundamental, la posibilidad de vivir exclusivamente de la pintura en el contexto arequipeño, demostrando su capacidad para integrarse y transitar en circuitos de comercialización eficientes.